Saltar al contenido principal

Tarot y videncia por teléfono. Todos los días, a cualquier hora.

Tarot y videncia por teléfono · Madrid

Cuéntame qué te pasa, y empieza por donde quieras

Soy Trinidad Castilla. Fui peluquera catorce años, que es donde de verdad aprendí a escuchar, y llevo desde 1993 leyendo las cartas. Atiendo por teléfono, a cualquier hora, y lo que mejor hago es el amor y el desamor: lo que se rompió, lo que no arranca y lo que llevas meses esperando.

Te escucho entera antes de tocar la baraja. Y después te digo lo que veo, también la parte que no apetece. Lo que no vas a oírme decir nunca es una fecha, ni una promesa.

  • +40.000 consultas desde 1993
  • 24 h todos los días del año
  • Precio cerrado desde 8 €
Trinidad Castilla, con auriculares de diadema, mirando cinco cartas del tarot Rider-Waite extendidas sobre un mantel de lino

Por lo que me llama la gente

Cuatro asuntos, no veinte

Podría decirte que leo de todo, pero sería mentira a medias. Lo que me llega, y lo que hago bien, cabe en cuatro cosas. Si lo tuyo es otra, te lo diré al descolgar.

  • Amor

    Si sigue o no sigue, si esto que hay tiene suelo, si lo que sientes es amor o es miedo a quedarte sola. Te leo a ti dentro de la relación, no a la otra persona: eso no se hace.

  • Desamor

    La espera, el silencio, el mensaje que no llega. Es mi especialidad y no por casualidad: pasé por ahí y encima pagando a quien me decía lo que quería oír. Aquí no vas a encontrar eso.

  • Decisiones

    Irte o quedarte, hablar o callar, aceptar o esperar. Las cartas no deciden por ti; ponen las dos opciones encima de la mesa con lo que cada una te va a costar.

  • El sentido de las cosas

    Hay gente que no llama por una pregunta, llama porque lleva un año raro. También se puede mirar eso, aunque no tenga forma de pregunta todavía.

Lo que se ve y lo que no se ve en una tirada de amor →

La primera consulta te la regalo, y te la contesto hablando

Por WhatsApp · sin coste

Me escribes lo que te pasa y te contesto con un mensaje de voz. No hay que pagar nada, no hay que dar un número de tarjeta y no te quedas comprometida a llamar después. Si te sirve, ya sabes dónde estoy. Y si no, no me debes nada.

  1. Me cuentas qué te pasa

    Por donde quieras y con las palabras que te salgan. No hace falta que traigas una pregunta redonda: casi nadie la trae, y muchas veces la encontramos por el camino.

  2. Echo las cartas

    Con mi Rider-Waite, en la mesa del salón, igual que en cualquier consulta. Ni un programa, ni cartas al azar de una página web.

  3. Te mando un audio

    Te cuento con mi voz lo que veo, incluido lo que no te va a apetecer oír. Lo escuchas cuando puedas y las veces que quieras.

Se abre WhatsApp con el mensaje ya escrito. Solo tienes que darle a enviar.

Lo que cuesta, antes de que descuelgues

Tarifas · IVA incluido

Elijes los minutos, sabes lo que vas a pagar y no hay nada más. Si te dicen «depende de lo que salga», cuelga: no hay ninguna razón honesta para no dar un precio.

Con tarjeta, precio cerrado
15 minutos8 €
30 minutos14 €
60 minutos23 €

Con tarjeta

910 131 124

Eliges los minutos antes de empezar y no se cobra nada más. IVA incluido. Si al colgar sientes que no te ha servido, me lo dices y te devuelvo el dinero.

En tu factura de teléfono

806 008 999

0,42 €/minuto desde red fija y 0,79 €/minuto desde red móvil, IVA incluido. No hace falta dar ningún dato bancario y solo pagas los minutos hablados. Servicio para mayores de 18 años.

Y dos cosas que no cambian nunca: yo no te llamo y no hay segunda consulta con descuento.

Aprendí a escuchar en una peluquería, no en un curso

Quién soy

Nací en Tetuán en 1969. A los dieciséis entré de aprendiza en una peluquería de Bravo Murillo y me quedé catorce años. Y ahí está mi formación, aunque suene poco solemne: una peluquería de barrio son ocho horas al día escuchando a mujeres contar lo que no cuentan en ningún otro sitio.

En mi familia no había ninguna abuela que echase las cartas. Compré un Rider-Waite de segunda mano en el Rastro en 1988, por doscientas pesetas, y aprendí sola con un manual mal traducido. La que me empujó a cobrar fue Aurora, una clienta de los viernes, que me metió dos mil pesetas en el bolsillo del delantal y me dijo que lo que no se paga no se respeta.

Esperar no es querer. Es una postura, y se agarrota.

Toda la historia, incluida la parte mala.

Trinidad Castilla apoyada en el marco de la ventana de su salón, con camisa blanca y el pelo cano corto

Seis cosas que no me salto

Cómo trabajo

  • Yo no te llamo

    Nunca. Ni para hacer seguimiento ni para avisarte de que he visto algo urgente. A mí me llamaron así durante dos años y sé para qué sirve.

  • No hay fechas

    Si alguien te dice «el 14 de marzo te llama», se lo está inventando. Lo que sí se lee son ciclos: algo que se cierra, algo que se mueve, algo que va para largo.

  • No leo a quien no ha llamado

    «Dime qué está pensando él» es la petición más frecuente y la que hay que saber rechazar. Te leo a ti dentro de esa relación, que además es lo único comprobable.

  • Ni amarres, ni trabajos

    Ni rituales, ni limpiezas, ni retornos de pareja. Es la parte sucia del oficio y la que a mí me costó dinero.

  • La misma pregunta, no dos veces

    Si llamas tres veces este mes con lo mismo, la tercera no te la leo. Te lo digo y hablamos de otra cosa, que probablemente sea la de verdad.

  • Salud, al médico

    No leo sobre enfermedades diagnosticadas, ni sobre embarazos, ni sobre la muerte de nadie. Te lo digo, te mando al médico y la consulta no se cobra.

Lo último que he escrito

Del blog

Todos los artículos →

Lo que más me preguntan antes de llamar

Dudas razonables

  • ¿Atiendes en persona en Madrid?

    No. Desde 2012 atiendo solo por teléfono. Recibí en casa trece años y lo dejé por dos razones, y una no me favorece: así llego a quien no puede plantarse en Chamberí un martes por la tarde, y sin la cara delante leo mejor las cartas y peor los gestos, lo que me obliga a ser más honesta. En persona es muy fácil ir corrigiendo el rumbo según la cara que pone el otro, y eso es hacer trampa aunque no quieras.

  • ¿Cuánto cuesta y cómo se paga?

    Con tarjeta, 8 € los 15 minutos, 14 € la media hora y 23 € la hora, IVA incluido y precio cerrado: eliges los minutos antes de empezar y no se cobra nada más. Por el 806 008 999 se carga en tu factura de teléfono, a 0,42 €/minuto desde red fija y 0,79 €/minuto desde red móvil, sin dar ningún dato bancario. Y la primera vez que me escribes por WhatsApp no pagas nada.

  • ¿Haces amarres o trabajos para que alguien vuelva?

    No. Y no te lo digo como quien marca un límite profesional: yo pagué casi dos años a un hombre que me aseguraba por teléfono que mi marido iba a volver. No funcionan, no existen, y el negocio acaba siempre igual, con una segunda cantidad porque «el trabajo se ha complicado». Si alguien te lo ofrece, es una estafa y cuelgas.

  • ¿Me vas a llamar tú después?

    Nunca. No hago seguimiento, no te aviso de que he visto algo y no hay segunda consulta con descuento por hoy. Llamas tú cuando quieras. Y si no vuelves a llamar, perfecto: eso quiere decir que la consulta te sirvió.

  • ¿Hace falta cita?

    No. Llamas y te cogen el teléfono, a la hora que sea. Si no estoy yo, está alguna de mis compañeras, que son gente a la que conozco en persona y a la que he visto trabajar. Si quieres hablar conmigo concretamente, dilo al descolgar.

  • ¿Y si al colgar siento que no me ha servido?

    Me lo dices y te devuelvo el dinero. Con el 806 008 999 pagas solo los minutos que hayas hablado, así que cuelgas cuando quieras. Ha pasado pocas veces en treinta años y me parece bien que se sepa.

Estoy al teléfono ahora mismo

No hace falta que traigas la pregunta preparada. Me cuentas qué te pasa y la buscamos entre las dos.

O pídeme la primera consulta gratis por WhatsApp

Llamar Consulta gratis